Era una mañana calurosa por lo que a pesar de encontrarse aún
en el mes de mayo decidió ir a tomar el sol a la pequeña cala que la llamaba
silenciosa desde la terraza de su habitación de hotel.
Se dio un
baño en el mar de aguas turquesas y plácidas pero aún frías por la época en que
se encontraban, disfrutó de la ingravidez de su cuerpo flotando boca arriba y
relajando su mente hasta tal punto que el tiempo dejó de existir para ella.
Cuando la sensación
de calor sofocante se transformó en un repentino escalofrío que recorrió su
cuerpo de arriba abajo corrió a refugiarse en su toalla, tumbada en
la arena, mientras su piel se doraba al sol, escuchaba el
murmullo de las olas y pensaba en cuanto le gustaba el mar, su amplitud, la
sensación de libertad que la sugería...
Estaba ya estaba prácticamente seca cuando cuando una ráfaga de viento le trajo su olor, no existía nada comparable con aquel olor a
piel húmeda por el mar; y así, con aquel aroma envolviendo su olfato, comenzó a
repasar los detalles de lo que había perturbado su tranquilidad.
Era un hombre maduro, alto, con barba de unos
cuantos días, descuidada, su nariz era recta, sus labios carnosos y sus pardos
ojos le daban un toque sensual, era sin lugar a dudas un hombre sumamente
atractivo y tentador.
Recorrió con la mirada el contorno de su cuello
hasta llegar al comienzo de su pecho donde comenzaba el vello que cubría de
esta parte de su cuerpo y donde las gotas de agua recorrían el camino que las llevaría
por sus musculadas piernas hasta la arena que se fundía con sus pies.
Siguió escrutando los detalles de su anatomía y
se paró al llegar a sus manos que no eran excesivamente grandes, pero sus dedos
finos y largos llamaron poderosamente su atención despertando en aquel mismo
momento el deseo de sentir aquel tacto sobre su piel.
En ese mismo instante supo que deseaba ser amada
por aquel hombre, quería sentir su boca recorriendo cada parte de su cuerpo y
besarle sin descanso, sólo pensar en ello le producía una sensación de placer y
bienestar inimaginable.
Su respiración se agitaba con cada pensamiento
que pasaba por su cabeza, deseaba tener aquel cuerpo junto al suyo, los dos
siendo uno..., sólo imaginarse la fusión de ambos hacía que su sangre corriera
sin rumbo y enloqueciera de deseo por él, pero no le importaba, ¿quién podía
imaginar sus pensamientos?
Y justo en aquel mismo instante, descubrió a su
desconocido escrutándola de la misma forma que ella lo estaba haciendo con él,
sus ojos se encontraron a medio camino y brillaron al mismo tiempo que sus
labios dibujaban una sonrisa en su rostro.
Cuando él rodeó su cintura con sus manos le susurró al oído,
"No olvides nunca que el primer beso no
se da con la boca, sino con los ojos".