Sobre una vieja señalización de madera, en un cambio de senda he escrito tu nombre.
Sobre una vieja señalización de madera, en un cambio de senda he escrito tu nombre.
Miro hacia delante observo como sale el sol y siento como un rayo de esperanza me alcanza, miro como el viento arrastra los grises nubarrones que atormentan mis días y poco a poco se va disipando la espesa niebla que me envuelve, despejando mi corazón. Me percato de que puedo caminar erguida por esta senda sin esconder mi rostro bajo las gafas de sol que eternamente me acompañan ocultando mis sufridos ojos encogidos por la eterna humedad que desprenden.
Percibo como mi pie da un paso titubeante y se adelanta despacio. Hago un gran esfuerzo y otro le sigue un poco más lejos y, aún con miedo, compruebo como cada vez se van haciendo más ligeros.
Me sorprende que por esta nueva senda puedo caminar sola y me pongo mis zapatos de charol, aquellos que me compré antes de casarnos, cuando prometiste colgarme la luna en un collar y hacerme unos pendientes con las estrellas para enseñarme cómo era el mundo. Y me lo enseñaste, claro, me enseñaste como era el mundo para ti, me enseñaste a bajar la mirada, a susurrar “lo siento”, a no hacer ruido, a llorar en silencio en el baño....
Ahora, poco a poco, siento que puedo escapar para siempre de los gestos rudos con los que me ahogas, de tu miradas llenas de punzante desprecio, de tus mal humor, y al fin puedo caminar tranquila, sin prisas, porque tú no estás aquí para atormentarme.
Me sorprende que por esta nueva senda puedo caminar sola y me pongo mis zapatos de charol, aquellos que me compré antes de casarnos, cuando prometiste colgarme la luna en un collar y hacerme unos pendientes con las estrellas para enseñarme cómo era el mundo. Y me lo enseñaste, claro, me enseñaste como era el mundo para ti, me enseñaste a bajar la mirada, a susurrar “lo siento”, a no hacer ruido, a llorar en silencio en el baño....
Ahora, poco a poco, siento que puedo escapar para siempre de los gestos rudos con los que me ahogas, de tu miradas llenas de punzante desprecio, de tus mal humor, y al fin puedo caminar tranquila, sin prisas, porque tú no estás aquí para atormentarme.
Hoy, ahora, una fuerza en mi interior me impulsa a andar con la cabeza alta, miro hacia delante y guardo en mi interior todo lo que necesito para volver a empezar, tan sólo una sonrisa y un paquete de esperanza, porque sobre una vieja señalización de madera, en un cambio de senda, he escrito tu nombre con letras efímeras que ahora se desvanecen y ya no eres más que un recuerdo.

No hay comentarios:
Publicar un comentario