martes, 13 de junio de 2017

¡FRÍO, FRÍO, MUCHO FRÍO!

Hacía frío esos días, el mercurio había bajado repentinamente más de diez grados de un día para otro, el gélido viento dañaba sus orejas y sus dedos eran incapaces de moverse incluso dentro del bolsillo. Volvió a subir a su piso y buscó apresuradamente el gorro y los guantes guardados en el fondo del armario desde el invierno anterior, unos gruesos calcetines en sus pies y un buen abrigo conseguirían devolver a su cuerpo la temperatura adecuada para poder seguir realizando su rutina diaria sin problemas.

Caminaba hacia su trabajo sin prisa, pensando en como su cuerpo agradecía cada prenda de ropa sobre él, la baja temperatura no era un problema cuando se podía solucionar tan fácilmente, el verdadero problema era encontrar un remedio para aliviar el frío interior, el que devoraba sus entrañas sin compasión, aquel que le invadió por dentro cuando le informaron de que su mujer había tenido un accidente de tráfico y había fallecido en el acto.


Hacía ya más de dos años desde ese momento pero lo recordaba perfectamente, recordaba como su interior iba enfriándose a pasos agigantados hasta que lo notó congelado por completo; desde entonces su vida se había convertido en un ir y venir de un lugar a otro sin saber muy bien hacia donde dirigirse en realidad.

Entró en su despacho, metió los guantes en el bolsillo de su abrigo y lo colgó en el perchero bajo su gorro, se sentó desganado en su silla mirando el montón de correspondencia apilada sobre su mesa y mientras la ojeaba pidió un café caliente a su secretaria, recordó en ese momento que hoy era el primer día de trabajo para ella, la anterior se había jubilado después de una larga trayectoria junto a él.

Tras un suave golpeteo la puerta de su despacho se abrió y su nueva secretaria entró con el café, él se puso en pie para presentarse como debía y la miró directamente a los ojos, pero fue incapaz de articular alguna palabra coherente, tan solo pudo balbucear unos sonidos de bienvenida apenas inteligibles.

Lo que si consiguió fue sentir como una pequeña chispa luchaba por surgir y comenzar a deshelar su interior, entonces comprendió que quizá también hubiese remedio para ese intenso frío que tanto tiempo le llevaba atenazando.

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